Hace unos días, Figma debutó en la bolsa y los retornos para sus inversores iniciales fueron simplemente extraordinarios.
Pero esta no es solo una historia de IPO exitosa. Es también un reflejo del cambio de era en el software creativo, una lección sobre el valor de la independencia y un recordatorio de que hasta las mejores jugadas pueden no salir del todo bien.
El acuerdo con Adobe que nunca fue
En 2022, Adobe anunció la compra de Figma por U$S 20.000 millones, en lo que prometía ser una de las adquisiciones más grandes en la historia del software. Para Adobe, era una jugada estratégica: consolidar el diseño colaborativo en la nube y eliminar al competidor más innovador que había enfrentado en años.
Pero la operación nunca se concretó.
Las autoridades antimonopolio en EE. UU. y Europa bloquearon la fusión, temiendo una pérdida de competencia en el sector.
Y así, Figma siguió sola y libre.
Lo más irónico es que hoy, a solo días de que Adobe cumpla 39 años como empresa pública (su IPO fue el 20 de agosto de 1986), es Figma la que se roba todos los titulares.
IPO de Figma: cuando el venture capital sí funciona
Los números de retorno para los primeros inversores son impactantes:
Y si miramos la performance dentro de los fondos:
Una sola inversión devolvió múltiples veces el tamaño de cada fondo. Esos son los outcomes que hacen que el venture capital funcione.
Adobe: Casi 39 años en bolsa y un nuevo escenario competitivo
Adobe cotiza públicamente desde el 20 de agosto de 1986. En estos casi 39 años, ha sido una de las historias más sólidas del software empresarial. Pero en los últimos años, su dominio comenzó a ser desafiado.
Su acción alcanzó un pico de U$S 688 en noviembre de 2021, y desde entonces ha caído casi un 50 %, cotizando hoy cerca de U$S 340. Aunque sigue siendo un gigante (capitalización cercana a los US $230B), enfrenta dudas sobre su capacidad de innovar con la misma agilidad que nuevos jugadores como Figma.

El aprendizaje de Figma
Figma estuvo a punto de ser parte de Adobe. Pero el acuerdo nunca se concretó, y eso terminó siendo muy positivo para Figma y sus inversores.
Su IPO no solo validó su camino independiente, sino que dejó varias lecciones clave:
A veces, no vender vale más. No concretar la adquisición con Adobe abrió aún más valor, tanto financiero como simbólico.
Construir buen producto gana. Figma conquistó el mercado con una experiencia colaborativa impecable, no con marketing agresivo.
Los retornos extraordinarios todavía existen. En un entorno donde muchos dudan del venture capital, Figma demostró lo que pasa cuando todo sale bien.
Hoy, Figma es pública, independiente y admirada. Adobe, a días de cumplir 39 años en bolsa, mira todo desde otro lugar: no como dueño sino como competidor.





